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Nociones de tiempo en la enseñanza de la historia

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Para adentrarnos en la redefinición de la noción de tiempo, tomamos la conceptualización hecha por la historiadora Katty Solórzano en su texto Tiempo social: su aplicación al estudio histórico, en el que caracteriza al tiempo como una “angustia existencial” (Solorzano, 2000: 23-34) para quienes nos dedicamos a la historia, y asegura que tal angustia es la que nos distingue del resto de las ciencias sociales. Su concepto de tiempo social es el siguiente:

 

El complejo de duraciones y ritmos perceptibles, intuibles, mensurables y codificables cultural y simbólicamente, que conforma una experiencia temporal común e intersubjetiva compartida por individuos viviendo bajo circunstancias sociales similares, cuya función social consiste en unificar las percepciones temporales individuales, limitándolas de manera que aseguren la cohesión grupal, para garantizar la supervivencia de la sociedad (Ibídem: 28).

 

De los europeos también heredamos sus visiones sobre el tiempo y el espacio. El tiempo histórico es una creación humana que se distingue del tiempo natural o del tiempo subjetivo, y que se vincula con las relaciones de vida de cada sujeto en su espacio de acción.

Nuestra concepción de tiempo en la enseñanza de la historia está unida a los preceptos europeos en la medida que los reproduce, a través de la utilización del prefijo “pre”, el cual preteriza todo lo que caracteriza, por ejemplo: prehispánico, precolombino, preindependentista; lo podemos ver en la división entre prehistoria e historia, en la que el hito de la invención de la escritura se plantea como único para todos los pueblos del mundo occidental.

El uso de líneas cronológicas como recurso didáctico para graficar el tiempo corre el riesgo de fracturar los procesos históricos, los interrumpe, ya que va de del “antes” al “después” omitiendo el “durante”, dividiendo todo el proceso en grandes bloques homogéneos que omiten las particularidades de cada grupo social, tal y como lo vemos en las concepciones hegueliana, positivista y marxista ortodoxa de la historia. La concepción lineal del tiempo alude a lo religioso y presenta una visión teleológica del proceso histórico tal como la que va desde el génesis hasta el apocalipsis en la Biblia; lo que promueve la homogenización las sociedades.

Al estudiar historia en los niveles medios de escolaridad aprendemos que se debe concebir el tiempo como único hacedor de la historia, dejando de lado la activa participación de los seres humanos en sociedad; es común la idea de que “todo tiempo pasado fue mejor” o la de que “será mejor lo que viene”, evitando así tener responsabilidad sobre las acciones del tiempo presente. Esta “evasión histórica” en la que el tiempo se le deja la actividad, propicia la pasividad de los individuos y colectivos en las diversas situaciones históricas.

Existen multiplicidad de tiempos abordables en el estudio histórico, por eso se hace vital definir qué tiempo y cómo se va a usar para enrumbar las investigaciones en este campo, y al impartir contenidos históricos en el aula. Siempre es posible emprender un enfoque retrospectivo desde el presente, para explicar las particularidades del proceso del que esta actualidad es resultado, pero se ha de cuidar el excesivo presentismo y las  interpretaciones anacrónicas del pasado.

En cada tiempo histórico quienes participan de los procesos, los sujetos o actores sociales, mujer u hombre, individualidades o colectivos, quienes emprenden las transformaciones son los que motorizan la historia, a través de sus producciones, su tecnología y su economía. No es solo el tiempo el que dinamiza la historia.

 


Referencia:
Katty Solórzano (2000) “Tiempo social: su aplicación al estudio histórico”. En: RODRÍGUEZ, J. A. (Comp.) Visiones del oficio. Historiadores venezolanos en el siglo XXI. Caracas: Academia Nacional de la Historia, Fondo Editorial de Humanidades y Educación, Universidad Central de Venezuela.

 

Coordinación de Asesoría y Enseñanza de la Historia

 

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