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Fuentes históricas para la enseñanza de la historia

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            Las fuentes históricas, tanto para la investigación histórica como para enseñar historia, son aquellas que dan cuenta de la historicidad de la época que se quiere estudiar. Es decir, aquellas producciones humanas vestigios de la cultura, de actividades económicas, de avances tecnológicos de una sociedad en un tiempo anterior al presente. Cuando nos referimos a la cultura hablamos de lo que tiene que ver con su dinámica de relaciones cotidianas, sus prácticas sociales, su fe, etc.; cuando nos referimos a la economía hablamos de las relaciones de intercambios y de producción; por último, cuando hablamos de tecnología, hacemos referencia a los avances en las técnicas de trabajo que permitieron mejorar la dinámica, las condiciones y las relaciones sociales, por ejemplo, la rueda, el fuego, la máquina de vapor, la electricidad, la informática, etc., cada uno en su tiempo histórico, son avances tecnológicos en cada una de las épocas en las que se produjeron, porque se convirtieron en hitos que marcaron un antes y un después.

Tradicionalmente las fuentes para el estudio de la historia se han clasificado en primarias y secundarias. Las primarias son las que dan cuenta de su tiempo de primera mano, en primer lugar son los documentos de archivos civiles, jurídicos, mercantiles, penales, militares, etc. Los archivos pueden ser públicos o privados, de los privados pueden haber institucionales o familiares. Luego están las fuentes impresas: obras sencillas, documentos oficiales (leyes, decretos, etc.), recopilaciones documentales, memorias y libros de viajeros. Dentro de las primarias también se ubican las hemerográficas: periódicos, revistas, encartes, etc; las fuentes testimoniales u orales; las fuentes gráficas: mapas (históricos) y planos (cartograficos), grabados, dibujos pinturas, fotografías, aerografías, afiches, etiquetas, publicidad en general; y por último mas fuentes audiovisuales: largos y cortometrajes, grabaciones de video y de audio en cualquier formato, programas de radio y TV.

Dentro de las fuentes secundarias contamos con libros, artículos (académicos o arbitrados), trabajos no publicados, obras de referencia (diccionarios especializados, enciclopedias, atlas); Internet (redes sociales, noticias, blog, también se pueden conseguir libros y artículos académicos, e incluso acceder a los repositorios de archivos históricos en el mundo). Por último, utilizamos fuentes de apoyo: estudios preliminares o introductorios, capítulos de compilaciones, prólogos, trabajos de grado o postgrado, investigaciones resultados de seminarios, entre otros.

 

A partir del siglo XIX con el surgimiento de las disciplinas científicas y el carácter que adquiere la Historia como una “ciencia” de los social se produjo el establecimiento hegemónico de que la única fuente válida para la construcción de la historia era la escrita, sobre todo las de primera mano, y aún hay quienes suscriben esta postura pero con las transformaciones que se han generado en el devenir histórico.

Por ejemplo, para el año 2000 la historiadora Ermila Troconis de Veraocoechea (2000) en su texto sobre los Archivos venezolanos afirma que todo investigador de la historia debe conocer y adentrarse en los archivos, ciertamente, éstos ...“son la base fundamental de la verdadera investigación y histórica”... (Ibídem), ya que en ellos se encuentra la información de primera mano que sirve al investigador para crear y construir un discurso si se quiere original, porque lo que haga no se verá influenciado por segundas opiniones e interpretaciones al respecto, como sí ocurre cuando se reconstruyen historias sólo a partir de la consulta de trabajos bibliográficos.

Sin embargo, para para los docentes de historia las fuentes bibliográficas generalmente son las más accesibles porque ya el trabajo de investigación en ellas está hecho, pero al utilizarlas corren el riesgo de repetir la interpretación (y muchas veces la opinión) de otros. Hay un problema social-laboral de fondo, y es que nuestros docentes no tiene tiempo de ser investigadores porque no existe en la estructura de su contrato colectivo la posibilidad de que se les otorguen horas remuneradas para la investigación.

Ya en el siglo XXI las fuentes mencionadas no son las únicas, ni las de mejor acceso, a todos los que vivimos este tiempo no ha tocado coexistir con la velocidad vertiginosa de intercambio de la información, la preeminencia de las imágenes sobre los textos. No obstante, desde un punto de vista muy histórico, pudiéramos acudir al pasaje popular que reza “pan para hoy, hambre para mañana”, porque simplemente es información fugaz, en el marco de lo coyuntural, lo verdaderamente significativo queda desestructurado si no se analiza este intercambio de información desde el pensamiento análitico, los conocimientos estructurales sobre la materia solo lo proporcionan las investigaciones históricas terminadas, publicadas o no, que den cuenta de estudios logrados bajo la profundidad del pensamiento. Por esa razón generalmente conseguimos aportes sobre los distintos temas que investiguemos. Una sola fuente no contiene todas las respuestas. En la historia todavía hay mucho por hacer.

Referencia:

TROCONIS DE VERACOECHEA, E. (2000). “Archivos venezolanos”. En: RODRÍGUEZ, J. A. (Comp.). Visiones del oficio pp. 577-582. Caracas: Academia Nacional de la Historia, Comisión de Estudios de Postgrado - Facultad de Humanidades y Educación, Universidad Central de Venezuela.

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