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El Centro Nacional de Historia es la institución rectora de la política del Estado Venezolano en todo lo concerniente al conocimiento, investigación, resguardo y difusión de la historia nacional y la memoria colectiva del pueblo venezolano. Su función esencial es la reivindicación de la historia nacional como fuente de identidad y conciencia. Su filosofía rebasa la visión pragmática y meramente fáctica del acontecer. En tal sentido, el CNH parte de un presupuesto fundamental para llevar a cabo su misión: el devenir histórico no es, pues, sólo memoria, sino memoria para ser.

Si la historia, tal y como la concebimos, es la dimensión inteligible del quehacer político y social de una nación y un pueblo llamados a construir su propio futuro, la misión que tiene el CNH como institución rectora del Estado venezolano en la materia supone, ante todo, la democratización del conocimiento histórico y el quehacer historiográfico. Acercar la historia al pueblo venezolano y abrir las puertas de la narrativa historiográfica a un discurso inclusivo en el que éste se reconozca como entidad protagonista de su propio devenir, ha de caracterizar las actividades del CNH en su labor de estudio y difusión de nuestra historia.

No es ésta labor fácil. Supone apartarse de esa larga tradición que ha vinculado la historiografía con un que hacer libresco, aburrido y exclusivo de académicos y especialistas que se acostumbraron a dar la espalda a su entorno social y cuyo trabajo apenas, en el mejor de los casos, era mera contribución a la formalidad institucional y los rigores del protocolo ocasional. El CNH aboga por la excelencia en el quehacer historiográfico, el profesionalismo y la dedicación. Pero, también, por una visión de la historia que lleve el quehacer historiográfico más allá de los muros de la academia al todo social y al pueblo como entidad histórica, política y cultural. Pensamos en el estudio y la enseñanza de la historia, en la actitud responsable y el rigor que la disciplina impone. También, por cierto, pensamos en el pueblo consciente, el ciudadano y republicano cabales, en la Nación como instrumento de identidad y soberanía. No hayamos divorcio alguno entre lo uno y lo otro. Por el contrario, una estrecha vinculación que hace del quehacer historiográfico en todos sus aspectos y dimensiones una tarea de altísima prioridad.

En virtud de ello, estamos convencidos de que se requiere de una historia de denuncia y afirmación. Denuncia de la dominación y explotación en todas sus dimensiones y formas. Afirmación de la lucha y el combate por formas más justas y libres de convivencia. La historia no tiene un curso único, ni se mueve al ritmo de un único derrotero, tal y como lo han señalado los voceros de la sociedad capitalista burguesa desde sus inicios hasta los actuales tiempos de la globalización. La historia, por el contrario, es polícroma y diversa cualquiera sea el ámbito en que tenga lugar la acción humana: el territorio, la cultura, la etnia, la sociedad, el género. La historia, como advirtió Heródoto en los comienzos mismos del oficio, es el mundo de lo diverso. Sujetarla a una única manera de ser y un único significado, es ahistórico como forma de conocimiento, y criminal, por lesivo a los pueblos. La historia que proponemos es una ampliación del horizonte historiográfico; un mirar hacia aquello que nadie o muy pocos, ha querido mirar, por ser tabú o sutilmente demasiado peligroso para un orden político, económico, social y cultural tenido por inamovible, único o esencial. La historia es muda para quienes la pretenden silenciar. Irredenta para quienes simpatizan con alguna forma de liberación.

La globocolonización en la que hoy vivimos no es sino la forma más reciente, moderna y sofisticada de un colonialismo ya antiguo, persistente y secular cuya dominación se ha basado en la destrucción de la identidad histórica de los pueblos. Un pueblo sin historia, es un pueblo castrado política, cultural e ideológicamente. La descolonización de la memoria es la única vía a la liberación de lo pueblos. A una historiografía amurallada en las frías mazmorras del academicismo, la filosofía del CNH antepone una historiografía insurgente, ocupada en una historia que es conciencia de sí misma como instrumento de cambio y transformación. La historia insurgente no es el descubrimiento de la utopía según la cual otro mundo mejor es posible. Pero sí la conciencia y representación historiográfica de ella, del pueblo como voluntad de poder hacia las realizaciones concretas y posibles -históricas- de ella.

Vivimos una revolución que no sólo está llamada a salvar a los hombres del hambre y la injusticia, sino, sobretodo, a reivindicar su identidad (valores, tradición, cultura) dándose identidad a sí misma y concibiéndose como un reencuentro con su propia historia, única forma de auténtica e imperecedera liberación. Si no nos apropiamos como pueblo de nuestro propio pasado, no tenemos futuro alguno. Se trata de una tarea colectiva, en la que el estudio serio y sistemático es fundamental, pero en la que poco puede hacer el estudioso por sí mismo como individuo aislado. Como pueblo tenemos pleno derecho a un mundo mejor. En el oscuro y retorcido camino que es preciso transitar para ello, la única manera de alcanzar algo en esa dirección es iluminar el pasado y, al mismo tiempo, ser iluminado por él.

Av. Panteón, Foro Libertador, Edificio Archivo General de la Nación, PB. Código Postal 1010. Caracas-Venezuela.
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